Luego de ser diezmado por enfermedades y falta de provisiones, más que por el accionar enemigo, la división de Estanislao del Canto completó su retiro de la sierra peruana hacia mediados de 1882. El Comandante de las fuerzas chilenas de ocupación Patricio Lynch no daba crédito a sus ojos cuando vio el penoso estado de las tropas cuando entraban a la capital peruana, pero estaba sorprendido también de la bizarría con la que marchaban. Ciertamente no eran soldados derrotados. Entretanto, Miguel Iglesias proclamaba lo que sería conocido como el "Grito de Montán", el primer indicio de un posible acuerdo con una cesión territorial a Chile.
Lynch deseaba eliminar a Cáceres de una vez por todas. Para este efecto, envió a tres divisiones, bajo el mando de los Coroneles Marco Aurelio Arriagada, Alejandro Gorostiaga y Juan León García. El objetivo era encerrar al "Brujo de los Andes" en Yungay y batirlo en este lugar lleno de gloria para las armas chilenas. Pero Cáceres probó ser más astuto y se dirigió hacia Pomabamba, conjurando el peligro.
Mientras, una columna al mando de Herminio González fue enviado al encuentro de Gorostiaga con pertrechos y 600 hombres. Cáceres, sabedor de esto, buscó atacar ambos contingentes separadamente y derrotarlos usando la superioridad numérica que suponían las montoneras indígenas de las que disponía. Lamentablemente para él, no logró conseguir su objetivo y las tropas chilenas se reunieron en el poblado de Huamachuco en los primeros días de julio de 1883.
Cáceres resolvió presentar batalla en el lugar, puesto que a pesar del contingente de 1.500 soldados que totalizaban las fuerzas de Gorostiaga, sus tropas eran más numerosas, las que sumaban más de 3.500 hombres entre soldados y montoneros.
Así, las fuerzas de Gorostiaga vieron como las tropas y las indiadas de Cáceres ocupaban las alturas de los cerros Coyulga y Santa Bárbara. Temiendo verse emboscado, Gorostiaga se dirigió hacia el cerro Sazón, donde se hizo fuerte en su cumbre.
Sin más que algunas escaramuzas durante el 9, las primeras unidades chilenas se dirigieron hacia las posiciones peruanas del Santa Bárbara en la madrugada del 10. Dos compañías de "Zapadores" se descolgaron de sus posiciones dirigiéndose hacia el enemigo, cubiertos por la neblina de la mañana. Sin embargo, fueron descubiertos y atacados por varios puntos buscando envolver a los chilenos y eliminarlos. Una compañía del batallón "Concepción" logró reforzar a los "Zapadores", permitiéndoles replegarse a sus posiciones iniciales.
Esto sin duda envalentonó a los peruanos, los que se dirigieron contra el frente chileno, atacando con especial virulencia el flanco izquierdo de la posición chilena defendido por el "Talca" con varios batallones, ante lo cual Gorostiaga enviaba compañías por oleadas desde su ala derecha en apoyo.
El ímpetu del ataque peruano sumado a su superioridad numérica les permitió hacer retroceder a las fuerzas de Gorostiaga hasta la cumbre misma del cerro Sazón. Percibiendo que el flanco izquierdo chileno estaba ya al límite de sus capacidades, Cáceres se concentró sobre su ala derecha, intentando encerrarlos. Pero, Cáceres inexplicablemente cometió un error táctico garrafal que le costaría la batalla y la guerra.
Ordenó a su artillería descender al valle formado por los cerros con la intención de machacar la posición chilena en el Sazón, por lo que ahora no ofrecía cobertura a su infantería y quedaba completamente desprotegida. Viendo esta maniobra, Gorostiaga en persona, junto con su Estado Mayor y un escuadrón de "Cazadores a Caballo" al mando de Sofanor Parra cargaron contra los cañones, desbandando a sus servidores y tomando las baterías enemigas.
Simultáneamente, al toque de calacuerda toda la infantería chilena se lanzó en una vehemente carga a la bayoneta contra la línea peruana, deshaciéndola completamente y desbandando al enemigo en todas direcciones. Cáceres vió impotente como su otrora ejército no era más que una masa de hombres que huían despavoridos del campo de batalla, siendo aniquilados bajo las bayonetas y corvos chilenos. Él mismo zafó de morir en este lugar gracias a su veloz caballo, pero su ejército no corrió con igual suerte.
800 peruanos perdieron sus vidas en la última batalla de consideración de la Guerra del Pacífico. Tres meses más tarde, se firmaría el Tratado de Ancón y la guerra concluiría definitivamente.
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