Estado de las fuerzas armadas chilenas al inicio de la guerra

Dado el precario estado de las arcas fiscales, los gobiernos anteriores a Aníbal Pinto habían disminuido sistemáticamente los recursos destinados a sus fuerzas armadas. Hasta la construcción de los acorazados "Blanco Encalada" y "Cochrane", la Armada sólo contaba con buques de madera con ya 30 años de servicio o más.

Asimismo, el estado del Ejército era por decirlo menos, precario. Para cuando estalló la guerra en 1879, el contingente estaba dividido en cinco batallones de infantería (cuatro de línea y uno de Zapadores), dos regimientos de caballería y uno de artillería, totalizando 2.995 soldados. Para abaratar costos, años antes se habían licenciado muchos soldados que eran carga del estado, manteniendo sólo el número necesario para mantener a raya a los araucanos en la región del Bío-Bío. La última compra de armamento significativa eran unos cañones Krupp hecha en 1874. Varias unidades de la Guardia Nacional no contaban con más que fusiles de la guerra de secesión estadounidense. El contingente era lo que se podía conseguir con sueldos bajos, mucho riesgo y condiciones sanitarias deplorables.

Sin embargo, donde más carente estaban nuestras fuerzas armadas era en su oficialidad. Existía una permeabilidad política con los altos rangos del Ejército y la Marina. Muchos nombramientos eran hechos para adelantar las carreras políticas de algunos, o para no entorpecer las de otros. Un botón de muestra es la designación del General Justo Arteaga como Comandante en Jefe del Ejército, quien a la sazón contaba con 74 años y estaba casi senil. Su última experiencia militar era la Revolución contra el gobierno de Montt en 1851. Las pugnas políticas fueron las que forzaron a Pinto a nombrar a su Ministro de Guerra Rafael Sotomayor como secretario general y consejero de la Flota y el Ejército, quién se tuvo que encargar de la logística, pero se vio envuelto (al igual que su sucesor José Francisco Vergara) en decisiones militares.

Por si esto fuese poco, la jefatura del Ejército no estaba instruida en un tipo de guerra cómo ésta. La experiencia en las guerras de Arauco no servían de nada en este nuevo tipo de conflicto que enfrentaban. Algunos, muy pocos por cierto, eran veteranos de la Guerra contra la Confederación Perú Boliviana concluida hacía 40 años. Esto sin embargo, fue subsanado por la mejor escuela de todas: la guerra misma. En ella se desarrollaron talentos como Sotomayor, Lagos, Velásquez y Gorostiaga, por ejemplo.

Las constantes escaramuzas contra los araucanos en el sur le habían dado cierta experiencia a los comandantes de pequeñas unidades, pero esta no era útil en maniobras a gran escala como las que se llevaron a cabo en el desierto de Tarapacá. Bajo la misma idea de bajar los costos como fuera, el Ejército había suprimido los cuerpos de logística, y subcontrataba estos servicios a particulares; algo que tampoco funcionaría con acarrear armas y suministros a un ejército marchando por el desierto. Tampoco existían cuerpos de médicos para atender a los heridos en batalla.

En el caso de la Armada, la situación estaba bastante más equilibrada, ya que la Guerra contra España había hecho evidente la necesidad de equiparla con navíos más modernos y poderosos, razón por la cual el gobierno de Errázuriz ordenó la compra de los acorazados "Blanco Encalada" y "Cochrane" a los astilleros ingleses de Earl's Shipbuilders. Éstos contaban con el apoyo de las corbetas de madera "O'Higgins", "Magallanes", "Esmeralda", "Chacabuco" y "Covadonga". Sin embargo, ninguno estaba en condiciones reales de lucha para Abril de 1879, incluso la Academia Naval y la Escuela de Grumetes estaban cerradas por falta de fondos desde 1876.

La Alianza llega a su fin

Hacia fines de 1879, Chile ya había asegurado el dominio sobre la provincia de Tarapacá, por lo que no existía mayor interés en el gobierno de Pinto de continuar con el conflicto. Mientras tanto, los resultados de la primera etapa de la guerra, junto con la pérdida de la región en disputa ocasionó un descontento popular tanto en Perú como en Bolivia, desencadenando la deposición tanto de Prado como de Daza, respectivamente. Éstos fueron reemplazados por Nicolás de Piérola en Perú y Narciso Campero en Bolivia, quienes no tenían en mente nada más que recuperar el terreno perdido.

Así, para fines de 1879, el Alto Mando chileno se encontraba planificando una invasión al departamento más meridional de Perú, el de Tacna.

Sin embargo, el Ejército nacional no estaba libre de problemas. Luego de varias discusiones entre el Ministro Sotomayor y el General Erasmo Escala, el Comandante en Jefe del Ejército; éste último presentó su renuncia indeclinable. Sotomayor nombra en su reemplazo al General de caballería Manuel Baquedano González, a la sazón con 53 años, veterano de la Guerra contra la Confederación Perú Boliviana y muy querido por las tropas.

Una vez desembarcado en Ilo, y habiendo tomado Moquegua, el Ejército de Chile se dirigió hasta la fuerte posición aliada de Los Ángeles, donde Baquedano se alzó con su primera victoria el 22 de marzo de 1880. Luego se inicia una titánica travesía a través del desierto hacia el sur, con el objetivo de batir al ejército aliado en Tacna. A principios de mayo, Chile debe lamentar la repentina muerte del Ministro en Campaña Rafael Sotomayor, víctima de un derrame cerebral en el campamento de Las Yaras.

Entretanto, el General Narciso Campero había sido designado como el Comandante en Jefe del Ejército aliado, asumiendo su cargo en abril de 1880, quien dispuso a las tropas para la defensa de la ciudad en las afueras de la misma. Durante la noche del 25, Campero intenta emboscar a Baquedano en Quebrada Honda, pero sus guías se pierden en la niebla y la oscuridad de la noche, debiendo volver a sus posiciones privados de vitales horas de sueño. El ejército aliado presentado en Tacna constaba de unos diez mil efectivos, y fue organizado en tres sectores bajo las órdenes de Eleodoro Camacho a la izquierda, Miguel Castro Pinto al centro y Lizardo Montero a la derecha.

Baquedano ordenó su ejército con la Primera y Segunda división de los Coroneles Santiago Amengual y Francisco Barceló en la primera línea, seguidos por las divisiones Tercera y Cuarta de Amunátegui y Barboza respectivamente, a eso de un kilómetro de las anteriores. Más atrás estaba la reserva del Coronel Mauricio Muñoz, mientras que la caballería había sido dividida y situada en los flancos de la infantería.

Al amanecer del 26, Amengual y Barceló se dirigieron hacia el frente enemigo, con la misión de atacar el centro y el flanco izquierdo aliados. El plan chileno consistía en atacar el frente enemigo al mismo tiempo, evitando así el envío de refuerzos desde un punto a otro. Lamentablemente para las pretensiones chilenas, Amengual atacó primero la izquierda enemiga con el regimiento "Esmeralda" y los batallones "Navales", "Valparaíso", y "Chillán"; permitiendo a Campero enviar batallones de refuerzo desde su extremo derecho.

Esto fue aprovechado por Camacho para acometer a las tropas en retirada apoyado por tres batallones de su reserva, el "Amarillo", el "Viedma" y el "Libres del Sur"; causando enormes bajas chilenas. Su avance no fue seguido por las unidades contiguas en el centro, las que luchaban contra la división de Barceló, provocando que el frente de batalla aliado perdiese cohesión. Además, esa fracción de la línea de combate salió de su posición protegida tras el talud natural donde estaba situada, siendo diezmada por la artillería chilena bajo el mando del coronel Velázquez.

Dos batallones aliados son enviados desde el flanco derecho aliado, los "Colorados" y el "Aroma", unidades élite del ejército enemigo; las que refuerzan el ataque sobre Amengual. Aún así, el combate se mantuvo por un largo rato hasta que las divisiones chilenas se vieron obligadas a retroceder al agotar su munición. Vergara, quién comandaba una fracción de la caballería, ordenó cargar al enemigo pero fue repelido. No obstante, esta carga les dio tiempo a las divisiones chilenas en retirada para aprovisionarse de municiones y reorganizarse.

Baquedano ordena entonces avanzar a la Tercera División de José Domingo Amunátegui y así reforzar a las unidades en retirada. El ataque chileno se reanuda, pero de una manera más ordenada, atrapando a las unidades aliadas que habían salido en persecución de los chilenos. Estas últimas, cogidas bajo el fuego cruzado chileno fueron aniquiladas en menos de una hora.

Entretanto, el regimiento "Zapadores", más los batallones "Cazadores del Desierto" y "Lautaro"; pertenecientes a la Divisíon de Barboza, dejan caer todo su poder sobre el sector de Montero, debilitado por destinar gran parte de sus tropas en apoyo de Camacho. Ahora sí la presión se establecía uniformemente en todo el frente de combate. El batallón "Victoria" cedió al empuje chileno, fracturando el orden de la línea aliada. Amengual asimismo, lograba forzar la férrea resistencia de Camacho, decidiendo el combate. En las postrimerías de éste fue enviada la reserva chilena, la que casi no tomó parte en la batalla.

Las tropas de la Primera División persigieron a los fugados hasta Tacna, la cual fue cañoneada para asegurar su rendición y evitar posibles enfrentamientos dentro de la ciudad.

A las seis de la tarde, el "Manco" Amengual entraba en Tacna. Los bolivianos tomaron los despojos de su ejército y se retiraron hacia el altiplano completamente vencidos, desde donde no bajarían nunca más, mientras los peruanos se retiraban al norte. De esta manera, el país causante de la guerra se retiraba definitivamente de ésta, mientras que Perú, que había sido arrastrado a ella por un tratado secreto, debía enfrentar ahora a Chile solo.

El fin de la resistencia

Luego de ser diezmado por enfermedades y falta de provisiones, más que por el accionar enemigo, la división de Estanislao del Canto completó su retiro de la sierra peruana hacia mediados de 1882. El Comandante de las fuerzas chilenas de ocupación Patricio Lynch no daba crédito a sus ojos cuando vio el penoso estado de las tropas cuando entraban a la capital peruana, pero estaba sorprendido también de la bizarría con la que marchaban. Ciertamente no eran soldados derrotados. Entretanto, Miguel Iglesias proclamaba lo que sería conocido como el "Grito de Montán", el primer indicio de un posible acuerdo con una cesión territorial a Chile.

Lynch deseaba eliminar a Cáceres de una vez por todas. Para este efecto, envió a tres divisiones, bajo el mando de los Coroneles Marco Aurelio Arriagada, Alejandro Gorostiaga y Juan León García. El objetivo era encerrar al "Brujo de los Andes" en Yungay y batirlo en este lugar lleno de gloria para las armas chilenas. Pero Cáceres probó ser más astuto y se dirigió hacia Pomabamba, conjurando el peligro.

Mientras, una columna al mando de Herminio González fue enviado al encuentro de Gorostiaga con pertrechos y 600 hombres. Cáceres, sabedor de esto, buscó atacar ambos contingentes separadamente y derrotarlos usando la superioridad numérica que suponían las montoneras indígenas de las que disponía. Lamentablemente para él, no logró conseguir su objetivo y las tropas chilenas se reunieron en el poblado de Huamachuco en los primeros días de julio de 1883.

Cáceres resolvió presentar batalla en el lugar, puesto que a pesar del contingente de 1.500 soldados que totalizaban las fuerzas de Gorostiaga, sus tropas eran más numerosas, las que sumaban más de 3.500 hombres entre soldados y montoneros.

Así, las fuerzas de Gorostiaga vieron como las tropas y las indiadas de Cáceres ocupaban las alturas de los cerros Coyulga y Santa Bárbara. Temiendo verse emboscado, Gorostiaga se dirigió hacia el cerro Sazón, donde se hizo fuerte en su cumbre.

Sin más que algunas escaramuzas durante el 9, las primeras unidades chilenas se dirigieron hacia las posiciones peruanas del Santa Bárbara en la madrugada del 10. Dos compañías de "Zapadores" se descolgaron de sus posiciones dirigiéndose hacia el enemigo, cubiertos por la neblina de la mañana. Sin embargo, fueron descubiertos y atacados por varios puntos buscando envolver a los chilenos y eliminarlos. Una compañía del batallón "Concepción" logró reforzar a los "Zapadores", permitiéndoles replegarse a sus posiciones iniciales.

Esto sin duda envalentonó a los peruanos, los que se dirigieron contra el frente chileno, atacando con especial virulencia el flanco izquierdo de la posición chilena defendido por el "Talca" con varios batallones, ante lo cual Gorostiaga enviaba compañías por oleadas desde su ala derecha en apoyo.

El ímpetu del ataque peruano sumado a su superioridad numérica les permitió hacer retroceder a las fuerzas de Gorostiaga hasta la cumbre misma del cerro Sazón. Percibiendo que el flanco izquierdo chileno estaba ya al límite de sus capacidades, Cáceres se concentró sobre su ala derecha, intentando encerrarlos. Pero, Cáceres inexplicablemente cometió un error táctico garrafal que le costaría la batalla y la guerra.

Ordenó a su artillería descender al valle formado por los cerros con la intención de machacar la posición chilena en el Sazón, por lo que ahora no ofrecía cobertura a su infantería y quedaba completamente desprotegida. Viendo esta maniobra, Gorostiaga en persona, junto con su Estado Mayor y un escuadrón de "Cazadores a Caballo" al mando de Sofanor Parra cargaron contra los cañones, desbandando a sus servidores y tomando las baterías enemigas.

Simultáneamente, al toque de calacuerda toda la infantería chilena se lanzó en una vehemente carga a la bayoneta contra la línea peruana, deshaciéndola completamente y desbandando al enemigo en todas direcciones. Cáceres vió impotente como su otrora ejército no era más que una masa de hombres que huían despavoridos del campo de batalla, siendo aniquilados bajo las bayonetas y corvos chilenos. Él mismo zafó de morir en este lugar gracias a su veloz caballo, pero su ejército no corrió con igual suerte.

800 peruanos perdieron sus vidas en la última batalla de consideración de la Guerra del Pacífico. Tres meses más tarde, se firmaría el Tratado de Ancón y la guerra concluiría definitivamente.

La importancia de Iquique y Punta Gruesa

El 21 de Mayo de 1879 se ganó la Guerra del Pacífico.

Un puñado de valientes le enseñó a una nación completa el honor de no rendirse jamás por defender su patria hasta las últimas consecuencias.

La epopeya de Iquique logró que la sociedad chilena completa se sintiera comprometida con el sacrificio de estos héroes, uniendo al país en torno al objetivo de defender la Nación y vencer a su enemigo. Creó una mística que acompañó al ejército chileno durante el resto del conflicto, logrando la victoria final a pesar de inmensos sacrificios y penurias.

Esto produjo un torrente de voluntarios a los cuarteles para enrolarse como voluntarios en las unidades movilizadas. En Iquique se perdió una corbeta vieja, pero se creó una mística que llevaría a hacer grandes sacrificios por la Patria. Asimismo, fue un duro golpe para el ánimo enemigo. Perdieron un formidable barco a manos de un barco obsoleto y muy inferior, echando por tierra cualquier pretensión aliada de ganar la batalla por el mar.

Iquique y Punta Gruesa habían ganado la guerra para Chile.

¿Mar para Bolivia?

Desde hace ya unos años ha cobrado fuerza el debate acerca de entregar un corredor a Bolivia para otorgarle una salida soberana al mar, siendo incluso uno de los objetivos de un partido político de izquierda, según declaraciones vertidas por un diputado (ahora independiente) a un medio de amplia circulación nacional.

¿Cuál es la razón de esto?. ¿Qué se pretende?. La verdad, no lo comprenderlo aún.

En primer lugar, miles de chilenos derramaron su sangre en la arena del desierto para defender a este país de la agresión extranjera de peruanos y bolivianos, aliados contra nosotros a través de un pacto secreto de cooperación.

¿Hemos olvidad acaso que Bolivia no nos ve como hermanos, y que constantemente nos hostiliza para disimular su precariedad económica, social y cultural?.

No nos equivoquemos, Chile no tiene en su vecino altiplánico más que un enemigo, sólo que demasiado débil como para considerarlo un peligro... por ahora. No debemos jamás realizar ningún tipo de concesión o considerarlos para nada, puesto que ellos no lo harán.

Tenemos la obligación como chilenos, de cuidad y proteger lo que tantos sacrificios le costó al país.

Bienvenida

Bienvenidos a mi blog acerca de un tema que me apasiona. Me encanta la historia de Chile y en especial el capítulo de la Guerra del Pacífico.